La palabra micotoxinas proviene del griego antiguo Mykes (Hongo) y del latín Toxicum (Veneno). Existen más de 200 tipos de hongos capaces de producir alrededor de 400 micotoxinas. Las más estudiadas debido a su acción como metabolitos secundarios y sus efectos negativos sobre la salud y los parámetros productivos del animal son: aflatoxinas, zearalenona, ocratoxina, fumonisina, y los tricotecenos.

El crecimiento y la presencia de hongos en el alimento, así como la posterior formación de micotoxinas es un proceso multifactorial que puede darse en las diferentes etapas por las que pasa el grano desde su cultivo hasta el proceso de elaboración del alimento balanceado. Factores como la época del año, la localización del cultivo, el tipo de cultivo, la época de cosecha, el clima, el manejo de post cosecha, el almacenamiento, la elaboración del alimento final y su conservación pueden incidir en la aparición de micotoxinas.

La presencia de micotoxinas no siempre es visible en las materias primas y alimentos balanceados. En la mayoría de las ocasiones debe ser evaluada mediante técnicas analíticas de laboratorio.
 
En condiciones comerciales los síntomas en el animal relacionados con la micotoxicosis varían entre específicos e inespecíficos y pueden presentarse con niveles de concentración de toxinas en el alimento por debajo de los límites detectables, o pueden existir sinergismos entre estas que generarán efectos negativos en el individuo. Por esta razón, la prevención y protección son prácticas de gran relevancia que deben ser implementadas a nivel del alimento balanceado por los productores. 
 
Existen reportes de los impactos negativos de las micotoxinas en diferentes especies y etapas productivas. En aves reproductoras la presencia de micotoxinas se asocia con la disminución en el consumo de alimento, heterogeneidad de los lotes, incrementos en la mortalidad embrionaria, disminución de la calidad de la cascara, el porcentaje de huevos incubables y los títulos de anticuerpos frente a virus como el de la bronquitis. Asociado a esto se puede presentar un efecto de arrastre sobre el desempeño del pollito presentando una disminución en las ganancias de peso y la respuesta inmune.

En gallinas ponedoras, los principales efectos negativos de las micotoxinas se relacionan con la reducción en el consumo de alimento y en el porcentaje de postura, el incremento en la conversión alimenticia y la disminución de los niveles de calcio en plasma con efectos adversos en la calidad de la cascara.


En pollos de engorde, se evidencian impactos en el consumo de alimento, las ganancias de peso, la conversión alimenticia, lesiones orales, hepáticas y renales, necrosis de tejidos por vasoconstricción, inmunosupresión y dificultad para respirar.

En cerdas en reproducción, el análisis de la presencia de micotoxinas en el alimento ha cobrado importancia debido a que puede causar anestros, abortos, incrementos en la mortalidad embrionaria, baja efectividad de los programas de reproducción, disminución en el número de lechones nacidos vivos, menores pesos al nacimiento, incremento en el intervalo destete – primer servicio e inmunosupresión.  En machos se han observado características de feminización y atrofia testicular.

En cerdos en crecimiento, la presencia de micotoxinas en el alimento puede disminuir el consumo, causar inmunosupresión, edema pulmonar, daño hepático, degradación de la integridad de la microvellosidad intestinal y disminución en el crecimiento.

La incidencia en mascotas de efectos negativos como vómitos, rechazo del alimento, disminución del crecimiento, pérdida de peso, hepatotoxicidad, nefrotoxicidad, inmunosupresión y cambios anómalos en el sistema reproductivo asociados con la aparición de micotoxinas en el alimento ha sido documentada debido a los impactos sobre la calidad de vida, bienestar y salud de los animales, así como el impacto emocional de la enfermedad de la mascota sobre los propietarios y la pérdida del posicionamiento en el mercado de productos en los que se evidencie presencia micotoxinas.

Por otra parte, en organismos acuáticos como los peces la presencia de micotoxinas y sus efectos tóxicos varían de acuerdo con el tipo y la cantidad de la toxina, así como la fase productiva del animal. Dentro de las principales afectaciones se encuentran la reducción del crecimiento, incremento en la mortalidad, inmunosupresión, efectos deletéreos sobre la conversión alimenticia y disminución de la rentabilidad  

De manera general, los principales efectos negativos de las micotoxinas en los individuos se relacionan con: 

  • Incremento en el consumo de agua. Lesiones dérmicas y del tracto gastro intestinal.
  • Dificultad respiratoria
  • Disminución en el consumo de alimento
  • Necrosis de tejidos
  • Residualidad en productos de origen animal
  • Inmunosupresión
  • Deterioro de indicadores reproductivos
  • Daño hepático y renal
  • Retraso en el crecimiento
  • Deterioro de la conversión alimenticia
  • Incremento de la incidencia de tumores
  • Aumento de la mortalidad

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